miércoles, 22 de septiembre de 2010

Qdms sta noxe???

Hace años, tenía un compañero de trabajo cuyos mensajes de móvil era incapaz de entender. Se dejaba fuera tantas letras que ni en mis mejores sueños filológicos hubiese sido capaz de descifrar aquellos textos. "Es para ahorrarme dinero", me decía, cuando en realidad no cubría ni el 20% de espacios en cada mensaje. Supongo que se refería al dinero que se ahorraba en llamar, ya que es lo que tenía que hacer yo constantemente. "Es para ir más rápido", argumentaba otras veces. Lo rápido, insisto, era mi llamada. Luego, claro, a uno le llaman "pedante" por no dejarse ninguna letra y poner las tildes allá donde van en los mensajes de móvil. Pero ésa es otra historia. Lo que quiero decir en estas líneas es que yo nunca le critiqué por ello, sino que siempre busqué la mejor forma para que nos pudiésemos llegar a entender (que nadie piense que me gastaba fortunas en llamadas, claro).

No me gusta la imagen chulesca y de superioridad que pasean algunos filólogos que se pasan el día corrigiendo a sus amigos (sin ánimo de ofender, dicen) y que sonríen condescendientemente cuando alguien se equivoca. Quien no conozca a ninguno de este tipo, yo puedo presentarle con mucho gusto a unos cuantos. Por suerte (insertar aquí suspiro melodramático), no son la mayoría, ni mucho menos.


Para mí, y es sólo mi opinión, los filólogos somos necesarios. Pero, a veces, estamos de más; nos pasamos de listos. Lo he visto mil veces y las que me quedan. Lo que nos faltaba es alimentar esa imagen de correctores permanentes…


Por supuesto, no quiero personalizar ni acusar a nadie, pero sí, va por ti. Sí, por ti (bromeo).


En fin, quien quiera quedar esta noche, que me envíe un mensaje que pueda entender a la primera, ¿de acuerdo? Luego se hace tarde y me da pereza salir…



11 comentarios:

Rafel HiR dijo...

Odio los filólogos que ejercen las 24 horas del día. Yo soy filólogo y cuando estoy con amigos, en familia, delante de mi PC... soy yo, Rafel, sin etiquetas.

MatíasG dijo...

Soy filólogo (o ya casi) y lingüista (o ya casi) y la verdad me molesta sobre manera la actitud de algunos compañeros de estar regañando a diestra y siniestra porque la gente "habla mal" (los "habíaN", "hubieron", etc.), siempre me pongo a explicarles que nadie "habla mal", la gente habla y la lengua cambia.

Anxo dijo...

A mí, más que molestarme que los filólogos ejerzan las 24 horas (después de todo es una cierta deformación profesional), lo hace otra gente, que no tiene ni idea de lengua, y se dedica a ir corrigiendo a todo el que se encuentra, cuando muchas veces están equivocados.
Por ejemplo, estoy cansada de ver comentarios en páginas tipo Asco de vida sobre qué demonios está haciendo la RAE, que acepta las palabras "toballa", "asín", "almóndiga", etc., yendo de entendidos cuando lo único que hacen es resaltar que no saben leer un diccionario. O todos los que corrigen las faltas de otros con más faltas...
Solo un pequeño desahogo jeje

Lengua Viva dijo...

A mí, cuando me oyen hablar en mi habla, en mi acento de Jaén, donde apostillamos la muletilla "ni pollas" con sus variantes preposicionales, me dicen "anda, anda, la filóloga". Yo respondo: "la lengua es mía y me la f.... cuando quiero". Menos mal que hubo mataores de la noche para llegar a usar las palabras y giros y esas concordancias por elisión... Y si bien lo cortés no quita lo valiente, no es lo mismo "a ver" que "haber".

Laura-An dijo...

Es casi inevitable no estar pendiente del buen uso de las palabras ,pero no llega a ser una obsesión,creo en ningún filólogo/a.
Además esa posición relacionada con el trabajo ocurre en todas las profesiones.Por otra parte si no estamos atentos nosotros o,al menos,captamos cuando alguien dice algo mal o se expresa perfectamente,¿quién lo va a estar?.Atención,sí,obsesión,no.

victor dijo...

Es cierto que hay muchos filólogos que se las dan de listos y se ríen por dentro cuando alguien de sus amigos comete un error al hablar. pero creo que dentro de todo filólogo, ese rasgo va de serie en el disco duro cuando se acaba la carrera y se ha profundizado en el tema (aunque en algunas personas ya ese rasgo se ha convertido en virus)
Personalmente, a veces corrijo a mis padres (60 años de edad, no penséis que son del pelistoceno) cosas como `te se cae' porque me gustaría que esas estructuras sencillas, aunque ya arraigadas en su forma de hablar, las pudieras corregir. Al final desisto porque tampoco soy quien para imponer esa norma. No hay palabra mal dicha sino mal interpretada
Por último, como confesión, y volviendo al tema de la `pedantería filológica', lo que me molesta bastante es oír, ya sea entre mis compañeros de fiesta o entre miembros de mi familia, frases como `díselo a la Noelia'; ayer vi a la Paula' etc. Quizás porque me resultan demasiado vulgares y malsonantes o porque siento impotencia por no poder decir `dilo mejor de esta forma´. Pero supongo, que esto va dentro del hardware de cada filólogo.

Un saludo

Rasim dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Raquel dijo...

Yo antes de ser filóloga, cuando estaba en el Instituto, también corregía a diestro y siniestro (en castellano y en gallego).
Mis padres y mis abuelos son y eran castellanos, yo estudié en Galicia y todas esas formas de ellos como "me se", me las corregían en el cole los compañeros, cuando no se reían de mí. Y lo pasé mal mucho tiempo.
Pasé así a corregir todo a todo el mundo. Pero te das cuenta que es inútil y que cada contexto exige un registro, que con la familia se habla diferente que con los profes de la Facultad y que hablar con mis familiares como en el ámbito académico es tan pedante como vulgar sería usar el mismo lenguaje en clase.
Así que lo que intento es ajustar los registros de la lengua al momento y a la gente con la que estoy, lo que no quita que si oigo a alguien de mis allegados que dice algo mal y me parece importante se lo hago entender.

Un saludo.

ADL dijo...

Una amiga cordobesa que vino a visitarme a Cantabria (de donde soy) estuvo corrigiendo mi laísmo durante toda una tarde y cuando me harté le dije que sentía si le ofendía mi manera de hablar pero que si yo me ponía a corregir las incorrecciones que ella cometía como andaluza entonces no podríamos mantener una conversación de más de dos palabras... ella entendió que el lenguaje es para comunicarse y si el mensaje es entendido por ambas partes poco importa si es o no académicamente correcto. Intento no ejercer de filóloga en mi tiempo de ocio.

NCP dijo...

Perdona, ADL. Las incorrecciones que cometiera tu amiga no las cometía como andaluza, sino como hablante de español. Hay tantos registros como hablantes, y no podemos generalizar con que todos los andaluces cometemos errores hablando. Es más, la mayor parte de las veces, nuestros "errores" no son gramaticales, como el laísmo, sino acento y pronunciación singulares. Un saludo.

Juan Carlos Sesé dijo...

Puestos a ser pedantes filólogos, hemos de decir que las escritura abreviada de los SMS se llama técnicamente "estonográfica". Los emoticones deberían estar prohibidos en una prosa castellana (:-)