domingo, 24 de octubre de 2010

MBA

Cada vez que echo la mirada atrás, a los años de facultad, encuentro más carencias en las clases que recibí. No sé si la tendencia habrá cambiando a lo largo de estos años o si era sólo cosa de mi universidad (por lo que sé era algo generalizado), pero tuve muy pocas clases prácticas con miras a un mercado laboral cada vez más complicado. Lo más parecido; el certificado de aptitud pedagógica (CAP), con el que daban créditos de libre elección. ¿Y si querías ser corrector? Ni una sola clase práctica de estilo, cómo corregir y cómo hacer entender tus correcciones. ¿Y editor? Nada de nada. Siempre pensé que era una auténtica pena no tener clases eminentemente prácticas pensadas para el futuro trabajo, aunque fuesen créditos de libre elección. Doy fe de que en mi facultad no las había.

¿Es que pensaban que no nos harían falta y que nuestros futuros trabajos no tendrían nada que ver con la filología? ¿Es que el profesorado suficiente trabajo tenía con conservar su puesto para ponerse a pensar en el de sus alumnos? ¿Directrices que llegaban "desde arriba", signifique lo que signifique"?

Ahora, lo reconozco, me pierdo con grados, posgrados, maestrías y Bolonias varias. En cualquier caso, espero que un amigo mío todavía no tenga razón cuando me dijo: "chaval, si quieres currar, haz un MBA, que lo demás son tonterías"...

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con las prácticas para una salida laboral que no sea la docencia... quería comentaros mi experiencia más preocupante si cabe que lo que comentáis: en Filología Inglesa (UCM) muchos profesores lo que hacían el primer día de clase era preguntarnos si queríamos dar las clases en inglés o castellano (¡¡¡..!!!) Para remate muchos alumnos decían que en castellano. Consecuencia: salíamos de la facultad con un inglés de "chichinabo" que como no te buscases las habichuelas por tu cuenta...

¡Enhorabuena por el blog!

Anónimo dijo...

He estudiado otra carrera y en otra universidad, pero la verdad, esto que expones me resulta muy familiar. En mi facultad tengo la sensación de que no me están preparando para el mercado laboral sino más bien estoy recibiendo una formación meramente académica y teórica, que está bien y abarca muchos temas, pero no profundiza en muchos de ellos y en la mayoría de los casos no se preocupa por estar acorde con los tiempos. Y mi carrera es informática, que debería tener un enfoque práctico y mantenerse atenta al panorama actual. Pocas asignaturas te aportan un conocimiento práctico que tengas la sensación de poder aplicar nada más salir de la facultad. Tengo la impresión de que las universidades fijan más su atención en el mundo académico que en el mundo real o profesional. Buscan temarios formales, innovadores respecto a otras universidades o completos desde un punto de vista académico, pero que dejan al alumno a medio formar en lo que se refiere a las habilidades profesionales, como si formaran futuros académicos que engrosen las filas de la universidad en vez de trabajadores listos para salir al mercado laboral.

Suerte con el blog.

Alioth dijo...

Estoy completamente de acuerdo con lo que has expuesto. Yo terminé Filología Hispánica (ULL) el año pasado y no me siento cualificada para trabajar ni en enseñanza, ni en editoriales, ni en ningún puesto relacionado con la filología. No sé cómo será en las demás universidades, pero en Tenerife no salimos bien preparados en ninguno de los campos. Me explico: yo he estudiado 4 años asignaturas de literatura con los mismos contenidos curso tras curso (por ejemplo, teníamos 4 asignaturas obligatorias/troncales sobre el Siglo de Oro, pero la Edad Media o la Ilustración y el Romanticismo eran optativas, así que si te coincidían los horarios, tenías que elegir); he estudiado gramática, pero no una gramática que me vaya a ser útil de cara, por ejemplo, a dar clase. Me refiero a que no estudiamos la gramática tradicional, sino que hemos estudiado en profundidad la gramática de base semántica -R. Trujillo, M. Morera- en la que, por ejemplo, las preposiciones son sustantivos, etc. Como teoría está muy: está claro que un filológo debe conocer otras gramáticas como la estructuralista, la generativista, pero yo no puedo llegar a 4º ESO y decirles a los chavales que las preposiciones son sustantivos.
Por ejemplos como estos, no me siento capacitada para trabajar. Solo en gramática tengo que remontarme a mis conocimientos de instituto, con lo cual, sé prácticamente lo mismo que un alumno de bachillerato. ¿Con qué cara les explico yo a los alumnos? Y ya no hablemos de otras salidas profesionales...
Es lo que ocurre con la libre cátedra... cada profesor hacer lo que le da la gana sin tener en cuenta las consecuencias.

Antonio dijo...

Pues... estoy de acuerdo con todo lo dicho, la verdad. Yo me sentí un poco huérfano después de acabar filología a la hora de buscar un trabajo relacionado con la carrera. Sinceramente, me dio un poco de miedo el mercado laboral, así que opté por hacer un máster y así pude obtener unas prácticas con un mínimo de cara y ojos. Pero no sé si ése es el camino...

Anónimo dijo...

Yo pese a estar estudiando aún matemáticas, dudé entre estudiar Filología o mates. Al final me decanté por los números. Pese a esto, creo que el objetivo de cualquier carrera no es formarte de cara al mercado laboral, por el simple echo de que de cada 20 alumnos, habrá 18 puestos de trabajos distintos el día de mañana, y no se puede formar a todos para todo. El objetivo de cualquier carrera es familiarizarte con lo que necesitaras y darte las habilidades necesarias para aprender por tu cuenta. Desarrollas el intelecto, tus capacidades y las formas de afrontar problemas. Eres tú el que luego debe encargarse de "buscarte la vida" con un máster o simplemente por tu cuenta. Será mejor o peor este método de enseñanza, pero creo que más o menos lo he explicado de la forma en que realmente funciona

Anónimo dijo...

Estudiad en la Complutense, hombre...